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Crónica de un hombre de hierro (by César)

Crónica de un hombre de hierro (by César)

César, uno de nuestros atletas, después de ver la crónica de su compañero de equipo Raúl, se ofreció a escribir la suya propia y nos encantó la idea!!! Nos encantó leerla!!! Para nosotros es un chute leeros decir que os hemos sido de ayuda, porque justamente este es el motivo por el cúal cada día nos levantamos decididos a mejorar y daros tanto cuanto nos sea posible para ayudaros a conseguir vuestros objetivos deportivos!!! Muchas gracias César, por tu crónica. Y muchas Felicidades Hombre de Hierro!!! La família crece!!! 😜 😜 😜

Disfruten de la lectura, merece la pena 😜

 

🏊‍♂ + 🚴‍♂ + 🏃‍♂


🔸El pasado 8 de julio se hizo realidad uno de mis sueños en la vida: terminar un “ironman”. El resumen de cómo he llegado hasta ahí es el siguiente, en una frase (larga): Después de 24 años sin poder hacer deporte por problemas en la rodilla, de superar esos problemas por casualidad, gracias a perder mucho peso en poco tiempo, y después de 10 años más intentando entrenar por mi cuenta, de lesión en lesión, dando un paso adelante y dos hacia atrás en el camino hacia mi sueño, después de todo este tiempo, a finales de 2016 entré en ProAm y, en tan solo unos meses (echad la cuenta, considerando entre 7 y 9 meses de dique seco según la disciplina, por caída en bici), entrenando menos que antes, pero de forma inteligente y controlada, he conseguido terminar mi ironman, sin lesionarme, sin sufrir demasiado, y con una marca decente. 💪🏽💪🏽💪🏽


🔸Hasta aquí los hechos, que demuestran que el mérito no es mío, sino de ProAm. Echando la vista atrás, yo era el típico que nunca pide ayuda porque en el fondo se cree capaz de cualquier cosa. El día que, por primera vez, pensé que quizás estaba haciendo algo mal y decidí buscar ayuda en ProAm, empecé a entender que el triatlón de larga distancia, por lo menos en mi caso, es necesariamente un deporte de equipo, que hay mucha más ciencia de la que puedes encontrar en Internet, y que había estado muchos años perdiendo el tiempo.

🔸Mi equipo básico ha sido Vercho y Rafa, con sus conocimientos de fisiología del deporte y de entrenamiento, más un par de fisios y una nutricionista. Entre todos fueron, poco a poco, identificando y corrigiendo mis numerosas debilidades y desequilibrios. Se ganaron rápidamente mi confianza, cosa que los que me conocen saben que no es nada fácil, siendo mi único mérito, dejarme asesorar y seguir sus consejos con disciplina.

🔸Por supuesto que todos los atletas de ProAm forman parte también de este equipo, porque con su alegría, su compañerismo, y en muchos casos con su ejemplo, me han proporcionado la motivación suficiente para perseverar. He de decir que en ProAm tampoco ha sido todo un camino de rosas... Porque he seguido padeciendo lesiones, aunque cada vez menos y más leves (salvo la caída en bici). De hecho, desde la maratón de Barcelona, a mediados de mayo, no he dejado de estar lesionado, sin poder correr más que tiradas cortas y a ritmos lentos. Entre Rafa y el fisio han conseguido llevarme a Vitoria, entre algodones y haciendo equilibrios, en las mínimas condiciones para participar. Yo lo veía muy negro, estaba casi seguro de que mi cuádriceps no aguantaría, pero ellos eran optimistas y, por supuesto, tenían razón...


🔸Y vamos - ya era hora – a ver cómo he vivido la experiencia, que ha sido tan intensa que podría llenar muchas páginas... Pero me lo voy a ahorrar centrándome en lo que creo más importante. De entrada, llegado el fin de semana de competición, compartir el viaje con otros compañeros que afrontaban también su reto con alegría, como Xènia, Sara y Josep Maria, además de con Rafa y la seguridad que transmite, y Nieves y la serenidad que desprende, me ha ayudado a olvidarme de la incertidumbre y de cualquier presión. Lo mismo que encontrarme allá con Fidel, Virginia, Edu, Raquel y Xavi. ¡Gracias Raquel y Xavi, por vuestros consejos y vuestra predisposición a ayudar! Y a los demás por estar ahí y animar a los compañeros, además de gestionar vuestro propio reto.

🔸Nada más llegar a Vitoria me di cuenta de que había sido un gran error reservar un hotel a más de media hora de la ciudad. Me hacía ilusión hospedarme en Arrasate, un pueblo pequeño en una zona muy bonita de Guipúzcoa que conocía de viajes anteriores. Pero entre recoger el dorsal, el briefing, llevar el material primero a la zona de la T2 en el centro de Vitoria, y después a la T1, fuera de la ciudad, tuve que hacer un montón de kilómetros con el coche y, sobre todo, correr el riesgo de cometer algún error importante con el material, difícil de corregir dados la distancia y lo apretado del programa. Además, mi habitación daba a una plaza muy ruidosa... Si algo tengo claro es que la próxima vez reservaré un buen hotel, lo más cerca posible de la zona de competición, aunque tenga que pagar algo más.


🔸El día de la competición empieza con lluvia y con prisas: para poder volver al hotel por la noche, después de la competición, con todo el material, tengo que llevar mi coche por la mañana a Vitoria, aparcarlo, y coger el bus que nos lleva al lago de Landa, que es donde se nada. Voy justo de tiempo y pillo, estresado, uno de los últimos autobuses, pero con la suerte de que coincido con Raquel. Me olvido de las prisas y los nervios, y ahí empieza uno de los días más inolvidables de mi vida deportiva. En la salida me encuentro con algunos de los compañeros, con Rafa y también con Xavi - ¡qué bueno que vinisteis! – que me dan los últimos consejos. Tengo todo el tiempo del mundo para prepararme porque los de distancia Full y categoría Open somos los últimos en salir, 19 minutos después del primer pistoletazo. Durante la espera en la línea de salida repaso la técnica: codo alto, agarre, rolido, deslizar..., y sobre todo ser conservador, minimizar el esfuerzo para llegar a la fase de correr en buenas condiciones.
🔸Llega el momento, la suerte está echada, y como en las grandes experiencias, pasan por mi cabeza, en un instante, años de esfuerzo y preparación. Entro en el agua y empiezo a nadar, y enseguida tengo buenas sensaciones: sensación de deslizar bien, sin esfuerzo, y encima sin golpes ni aglomeraciones. Acabo la primera vuelta, miro el tiempo y pienso – César, te has pasado de conservador, ahora aprieta un poco más... En la segunda vuelta le doy un poco más de “caña”, pero hago 2 minutos más que en la primera... Pequeña decepción, pero sé que tengo mucho potencial de mejora en la natación, y pienso que mi objetivo es acabar. Sigo los consejos de Rafa en cuanto a tener pensamientos positivos: vuelvo a pensar en cómo he nadado, y en cómo nadaba hace un año y medio - ¡Gracias Vercho! Además, he clavado casi al segundo el tiempo pronosticado en la plataforma, y ha salido el sol...


🔸Llega la T1, que me tomo con calma como de costumbre, pero me doy cuenta de otro error: me dejé un bote de protección solar en Barcelona, y el único que tenía lo había puesto en la bolsa de run, yo que soy muy sensible al sol... Bueno, tampoco es tan grave, y el aliento del público – ¡qué grande! - al salir de la zona de transición hace que me olvide. Empiezo a pedalear, me hace una cierta ilusión utilizar mis ruedas con perfil y mis acoples nuevos. Se me pasa la ilusión cuando me empiezan a pasar unas cabras-pepino con ruedas lenticulares que hacen que parezca estar parado. No pasa nada, no es mi carrera, no es mi espíritu... Enseguida me doy cuenta de que puedo mantener una buena media, y a la vez las pulsaciones bajas. Me concentro en eso, y en disfrutar del paisaje - ¡increíble! – y de la gente que no deja de animar en cada pueblo que cruzamos. También me concentro en la nutrición, que merece capítulo aparte.


🔸En los últimos tiempos me he dado cuenta de que mi cuerpo necesita aproximarse a esa regla que dice que hay que ingerir 1g de HC por kg de peso por hora. El desencadenante fue un consejo en este sentido del Dr. Mario Ros (¡Gracias!), el de las pruebas de esfuerzo en Dexeus, que me hizo pensar y empezar a hacer pruebas. Esa cantidad de HC, en un ironman, son muchas barritas, muchos geles, y mucha bebida energética, ingeridos con continuidad y disciplina. Y ahí es donde vuelve Rafa con otra importante contribución a mi éxito: se hace cargo de mis avituallamientos personalizados, en las zonas habilitadas al efecto. Se pasa todo el día calculando mis posibles tiempos de paso, en las 3 vueltas del circuito de bici, y en las 4 vueltas del circuito de la maratón, corriendo de un lado a otro para llegar puntual y pasarme mis dosis adicionales de HC. ¡Increíble! ¡Nunca te lo podré agradecer lo suficiente, Rafa! Respecto a este tema, un pequeño potencial de mejora en mi caso: tengo que pararme un par de veces en las cabinas repartidas por el circuito, por cierto, impecablemente limpias y equipadas. Y otro potencial de mejora para la organización: en los botellines la cantidad de líquido es insuficiente y la bebida energética está rebajadísima con agua. Tengo que coger un primer botellín con agua, bebérmelo rápido y tirarlo, coger un segundo botellín de bebida energética y guardarlo en la bici, y coger un tercer botellín con agua, bebérmelo y tirarlo en la zona permitida, todo ello sin parar la bici...


🔸Al final me sale un desnivel de poco más de 1.000m y, aquí sí, mejor tiempo que el previsto. He disfrutado como nunca en la bici – yo, que siempre he preferido escalar que rodar – y no tengo la sensación de haberme desgastado, a pesar de que, en la segunda mitad del recorrido, con el fuerte calor se había levantado algo de viento, aunque nada del otro mundo. Llego a la T2 y... ¡detallazo de la organización!: un voluntario se hace cargo de mi bicicleta. Ahora sí que me pongo protección solar, pero es demasiado tarde... Nada más salir de la transición, veo que he ido más rápido de lo previsto y decido hacer una parada en los servicios. Fracaso total, pero veo que las piernas responden, yendo al ritmo previsto. Decido seguir otro consejo de Rafa: tomar Coca Cola si tengo problemas estomacales. En el primer avituallamiento me va francamente bien, pero en los siguientes ya no noto mejoría. Sigo también otro consejo más de Rafa: me olvido del ritmo y del tiempo, cambio el GPS a la pantalla en la que sólo aparecen las pulsaciones, y me concentro en mantenerlas bajas y mantener las buenas sensaciones. En los avituallamientos constato que todo el mundo baja el ritmo y los pasa andando, y yo hago lo mismo. También los pasan andando, e incluso se refrescan en las “piscinas”, las 3 primeras chicas Pro, que van en un pañuelo, y que me doblan hacia la mitad de la maratón. Por supuesto me llevaban ya un par de vueltas de 10,5km... Voy bien de piernas, pero justo después de la primera vuelta, cuando me encuentro con Rafa, ya no me entra nada, tengo el estómago cerrado y la barriga revuelta. Dicen que es por ingerir tanto dulce, y que tomar algo salado, como frutos secos salados, puede ayudar. Quizás lo pruebe la próxima vez. Un kilómetro más allá me vuelvo a parar en las cabinas y esta vez sí, éxito total... Durante toda la segunda vuelta me encuentro muy bien, controlando el ritmo. Me olvido de si me volverá a doler el cuádriceps o cualquier otra cosa, y ya estoy convencido de que acabaré, confianza que ya no me abandonará hasta el final.


🔸Aquí cabe mencionar otro factor importante. Unas semanas antes de la prueba, en una de las sesiones de rehabilitación del cuádriceps, el fisio-torturador me sugiere que pruebe unas zapatillas Hoka, que con su súper-amortiguación protegen de lesiones más que otras. En un arrebato de desesperación, después de buscarlas por ahí y no encontrar mi número, me la juego y las pido por Internet. Me llegan el viernes 22, dos semanas antes de la prueba. El día de la verbena de S. Juan me voy a probarlas a la pista de Mar Bella, y después de una sola vuelta, la sensación es tan increíblemente buena que decido que correré con ellas, contraviniendo todos los consejos de los runners de no correr con zapatillas nuevas - el día del ironman llevan exactamente 63km. Abandono para siempre las Brooks, mi marca de los últimos años... pero por algo son las más utilizadas en Kona. ¡Qué gran consejo! ¡Gracias!


🔸Volviendo a la carrera, a partir de la tercera vuelta empiezan a pesar un poco las piernas y tiro de otro buen consejo, éste de Raquel, por la mañana durante el trayecto en bus hacia el lago: me pongo objetivos parciales, de avituallamiento en avituallamiento, para no tener “malos pensamientos” y poder mantener más o menos el ritmo. Las dos últimas vueltas no tienen mucha historia, pero son para mí muy intensas. Empieza a hacer menos calor, ya entrada la tarde, y corro sin gran sufrimiento. Me debato entre la sorpresa de lo bien que voy, de lo bien que me lo estoy pasando, y la emoción de sentir el reto superado mucho antes de llegar a la meta. Además, está el público: ni un segundo sin un grito de ánimo, sin un ¡Aúpa!, durante los 42km, viendo además en muchos casos a las mismas personas animando vuelta tras vuelta, hora tras hora... ¡piel de gallina con sólo recordarlo!
Y finalmente llega la entrada en meta, menos emocionante de lo que esperaba porque ya llevaba muchas horas emocionado... También me esperaba caer en una especia de vacío mental pseudo-depresivo, como me habían pronosticado algunos, pero no, sigo emocionado y sólo pienso en cuándo haré el próximo ironman, tal y como me habían asegurado otros...
🔸Para acabar, toca reconocer que la mitad de medalla de finisher le pertenece a Rafa, y la otra mitad al resto del equipo que menciono más arriba, incluidos los compañeros mencionados, y también los no mencionados. Vaya, que yo sólo la custodio porque no la puedo repartir... De entre los no mencionados quiero hablar de Raúl, que el mismo día superó el mismo reto en Frankfurt, aunque más difícil porque al parecer hacía todavía más calor, más viento, y también por esos repechos al cruzar los puentes en el running... ¡Felicidades! Casi no hemos hablado, aunque ya te dije que había pensado en ti durante toda la prueba, y espero que hayas disfrutado tanto como yo.

Un agradecimiento especial para ti porque en los últimos meses has sido un ejemplo de alegría, esfuerzo y disciplina para mí. ¡Gracias, equipo!


Archivado en: Crónica
2, agosto 2018
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